Beber y conducir es una combinación extremadamente peligrosa.

 

Para conducir se requiere un máximo de atención y del uso total de facultades. Un conductor responsable sabe que si ha consumido alcohol no puede conducir bajo ninguna circunstancia. El alcohol hace que el conductor pierda sus funciones de reflejo, visuales y auditivas. Además, afecta la capacidad de concentración y de buen juicio. Peligrosamente la ingesta de alcohol en el chofer genera una falsa seguridad en sí mismo y sobrevalora la capacidad de la conducción, lo que lleva a tolerar un mayor nivel de riesgo.

 

El conducir un auto tras haber bebido es ilegal y las sanciones penales pueden ir desde una multa entre 1 a 5 UTM además de la suspensión de la licencia por 3 meses hasta 10 años de cárcel, más una multa entre 8 a 20 UTM, inhabilidad perpetua de conducir y la comisión del vehículo.

En 2012 fue promulgada la modificación a la Ley de Tránsito, conocida como Ley Tolerancia Cero, que redujo los niveles permitidos de alcohol en el organismo para definir lo que se entiende por conducción bajo la influencia del alcohol y en estado de ebriedad, aumentando también las sanciones asociadas a la conducción con alcohol.

 

La conducción bajo la influencia del alcohol – que va desde los 0,31 gramos por mil de alcohol en la sangre hasta 0,79 - es sancionada con multas y suspensión de licencia de conductor. La conducción en estado de ebriedad – desde los 0,8 gramos por mil de alcohol en la sangre o más - se sanciona con multas, cancelación de licencia y presidio (cárcel).

Las sanciones aumentan significativamente en caso de reincidencia, o si el conductor, además de haber bebido participa en un accidente en el que resulten daños o personas fallecidas o con lesiones.

 

 

LEY EMILIA

En 2014, se realiza una nueva modificación legal (Ley Emilia), sanciona con cárcel efectiva de al menos un año a los conductores, que, en estado de ebriedad, generen lesiones gravísimas o la muerte a terceros. Además, se considerarán delitos calificados la reincidencia, la conducción con licencia cancelada o cuando se conduce estando inhabilitado de por vida para ello o si el delito hubiese sido cometido por un conductor de vehículos para el transporte de pasajeros o carga en el ejercicio de sus funciones. Además, si el conductor que participa en un accidente se negase injustificadamente a realizarse las pruebas de detección del alcohol (prueba respiratoria u otra prueba científica), será sancionado con suspensión de licencia, multas y penas de cárcel que podrían llegar a ser efectivas dependiendo de las consecuencias del accidente.

 

ALCOHOL Y ORGANISMO

El cerebro es influido por el alcohol mucho más que otros órganos del cuerpo. Los primeros efectos del alcohol se manifiestan en el ámbito psicológico, como lo es la atención, percepción y procesamiento de la información. Con pequeñas concentraciones se comienza a afecta el comportamiento y la conducta. Las capacidades de reacción y de coordinación también se ven afectadas por pequeñas cantidades de alcohol. Además, la autoconfianza se fortalece y aumenta la tendencia a sobreestimar la propia capacidad.

Esto constituye un gran peligro.

En resumen, debido a la ingesta de alcohol se afecta la capacidad de visión, tiempo de reacción, la atención, capacidad de decisión y la toma de decisión. Todas estas funciones son decisivas al momento de manejar. El proceso del cuerpo para liberar el alcohol requiere varias horas de reposo y no se acelera con remedios caseros como un café, comer dulces, fumar un cigarrillo, una ducha fría o ejercicios físicos. Con éstos, lo único que se logra será convertir a una persona borracha adormecida en una borracha despierta. Sólo el paso del tiempo permite recuperar la sobriedad.

 

ALCOHOL EN LA SANGRE

El cuerpo se libera del alcohol mediante la metabolización de éste. Se calcula que en una persona promedio y sana de 70 kilos la presencia de alcohol disminuye a razón de entre 0,10 a 0,15 g de alcohol por litro de sangre por hora. Este proceso se realiza a un ritmo constante, que no se acelera con remedios caseros como un café, comer dulces, fumar un cigarrillo, una ducha fría o ejercicios físicos. Con éstos, lo único que se logra será convertir a una persona borracha adormecida en una borracha despierta. Sólo el paso del tiempo permite recuperar la sobriedad.

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